Una pregunta urgente a una justicia que sigue pidiendo perdón sin transformar las heridas del racismo

 

“Reparar más allá del perdón: desafíos del poder judicial frente a la violencia racista en Colombia.”

Una pregunta urgente a una justicia que sigue pidiendo perdón sin transformar las heridas del racismo.

Por Jonh Jak Becerra Palacios


Introducción: entre la excusa y la justicia

¿Hemos oído hablar alguna vez de antirracismo judicial en Colombia?
La pregunta parece incómoda, pero necesaria. Desde hace años vengo reflexionando sobre cómo opera el sistema judicial colombiano frente al racismo antinegro: con una pasmosa miopía moral. Los jueces —en su mayoría formados en una matriz blanca, eurocentrada y sin conciencia racial— han optado por reducir el racismo a un “acto de discriminación” individual, algo que puede repararse con un perdón, una disculpa pública o un curso pedagógico. Pero, ¿dónde queda la justicia real? ¿Dónde el reconocimiento del daño histórico, emocional y estructural que el racismo produce en los cuerpos y las mentes negras?

Recuerdo el año 2018, cuando en un grupo de estudios poscoloniales de la Universidad Nacional de Colombia se discutía el fallo de mi caso: la sentencia T-572-17 de la Corte Constitucional. Un fallo que generó titulares, debates, entrevistas; un revuelo mediático que parecía anunciar un nuevo tiempo. Pero, al final, él resuelve de la sentencia, no tocó el fondo del problema: la raíz del sistema racista. La Corte ordenó capacitaciones, sensibilizaciones, cursos sobre diversidad. Pero mi vida, mi dignidad y mi derecho a una reparación real quedaron suspendidos en el aire. El daño psicológico, social y económico nunca fue reparado. Y como suele ocurrir, el sistema siguió su curso, indemne, intacto.



Cuerpos que incomodan: las palenqueras de Cartagena y la violencia de la mirada

Hace poco leí la noticia: “Fallo de tutela ordena al alcalde de Cartagena pedir disculpas públicas a dos mujeres afro/negras  a quienes se les cuestionó impidiéndoles el ingreso al Centro Histórico.”
Valery Sofía Chico Hernández y Yenis del Carmen Hernández Orozco fueron víctimas de un acto de violencia racista: se les negó el acceso a lugares emblemáticos como la Torre del Reloj y la Plaza de los Coches, bajo el argumento de “operativos” distritales. En realidad, fueron detenidas por su color de piel, por portar en sus cuerpos el signo que la colonialidad ha decidido seguir castigando.
Mientras a las personas blancas se les permitía el paso libre, a ellas se les cuestionaba la existencia. Se les restringía la ciudad, se les negaba el derecho al espacio público.
Y de nuevo, el pronunciamiento judicial: disculpas públicas, capacitaciones étnicas.
Como si bastara un curso de buenas maneras para curar siglos de violencia.


La miopía del sistema judicial: Fanon, Mbembe, hooks y Coates

Frantz Fanon, en Piel negra, máscaras blancas (1952), lo dijo con una claridad que aún duele: el racismo no es solo un prejuicio, sino una herida en la psiquis del individuo negro, una fractura en su ser. Fanon comprendió que el racismo coloniza la mente tanto como el territorio.
Cuando el sistema judicial colombiano reduce el racismo a un problema de educación, ignora esa profundidad psicológica. Ignora que detrás de cada acto racista hay una maquinaria histórica de deshumanización.

Achille Mbembe, en Crítica de la razón negra (2013), va más allá: el racismo es una tecnología de poder, una forma de economía política. En su lectura, el “negro” fue inventado por la modernidad como una figura de desposesión total, una mercancía viviente.
Esa invención sigue operando en Colombia, donde la justicia ve cuerpos negros, pero no sujetos de derecho; donde la reparación se confunde con el remordimiento y no con la restitución.
Mbembe llama a esto la razón negra, el régimen conceptual que fabrica la inferioridad y la sostiene con dispositivos legales, mediáticos y morales. El racismo judicial colombiano es precisamente eso: una razón institucional que niega la humanidad del negro mientras aparenta reconocimiento.

bell hooks, por su parte, nos enseñó que “el amor es un acto político.” Pero ¿puede haber amor sin justicia?
Una sociedad que no se ama lo suficiente como para mirarse al espejo y aceptar su violencia racial, está condenada a seguir pidiendo disculpas vacías.
El amor político del que hablaba hooks implica una transformación radical del sistema judicial, educativo y mediático, no una pedagogía de la culpa que perpetúa la impunidad.

Y Ta-Nehisi Coates, en Between the World and Me (2015), nos recuerda que el cuerpo negro es el lugar donde se inscribe la historia de la violencia. Que la justicia, cuando no repara ese cuerpo, se convierte en una nueva forma de borramiento.
Así, en Colombia, cada sentencia que minimiza el racismo reescribe el guion colonial: el blanco pide disculpas; el negro debe aceptar y seguir adelante.


Mi historia: la reparación que nunca llegó

En mi caso, la Corte Constitucional ordenó “una actividad de capacitación dirigida a los directivos y trabajadores” de la empresa que me violentaron con el racismo, A.R. Los Restrepos S.A.S.
El fallo decía que debía incluir “una presentación de los valores y derechos de las personas afrodescendientes”.

Pero ¿y yo?
Yo quedé vetado laboralmente, con secuelas psicológicas profundas, estigmatizado en un país donde denunciar el racismo equivale a ser problemático, conflictivo o resentido.
Mi nombre circuló en los medios, pero no mi reparación.
Esa es la paradoja: mientras los victimarios fueron enviados a “aprender”, yo fui condenado a sobrevivir con las consecuencias.
Y aún hoy me pregunto: ¿qué significa justicia para el cuerpo negro? ¿Qué clase de Estado cree que un curso de tres horas puede curar siglos de dolor?


El racismo como estructura, no como accidente

El racismo en Colombia no es una falla moral ni una serie de incidentes aislados: es un sistema.
Cuando los jueces lo abordan como una simple discriminación, borran el contexto histórico que lo produce.
La colonialidad del poder —como diría Aníbal Quijano— sigue operando en el lenguaje jurídico, en los protocolos de sentencia, en los silencios del Estado.
Y así, el racismo antinegro se minimiza, se neutraliza, se domestica.
Se le quita su filo político, su carga histórica, su dimensión estructural.
Y lo que queda es un país que se dice “mestizo” para no reconocer su violencia.
Una nación que, en nombre de la mezcla, niega el derecho de los negros a ser reparados.


Entre la excusa y la reparación: lo que Colombia debe aprender

Reparar no es pedir perdón.
Reparar no es “capacitar al victimario.”
Reparar no es decir “aprendimos la lección.”
Reparar es devolver dignidad, es compensar el daño, es transformar las estructuras.
Bryan Stevenson, abogado antirracista y autor de Just Mercy (2014), habla de una justicia que “se basa en la compasión y el coraje moral”.
En Colombia, la justicia sigue atrapada en el formalismo.
La reparación económica y emocional es casi inexistente.
Las víctimas negras no solo enfrentan la discriminación, sino la indiferencia del Estado, el silencio institucional, la normalización de su dolor.


Conclusión: hacia un antirracismo judicial

Colombia necesita con urgencia una justicia antirracista: una que no se limite a reconocer el daño, sino que actúe sobre él.
Una justicia que comprenda la dimensión histórica, económica, psicológica y simbólica del racismo.
Una justicia que entienda, como lo escribió Fanon, que “el racismo no es una enfermedad del espíritu, sino una estructura del mundo.”

No basta con sensibilizar; hay que reparar.
No basta con disculparse; hay que transformar.
No basta con hablar; hay que actuar.

Las heridas coloniales siguen abiertas, y cada fallo superficial las ensancha.
Hasta que la justicia no mire de frente al racismo, seguirá siendo cómplice de su perpetuación.

Y entonces, la pregunta que abre este texto seguirá resonando:
¿Hasta cuándo los jueces en Colombia van a reparar la violencia racista, más allá de unas simples excusas o disculpas públicas?


Referencias

  • Coates, T.-N. (2015). Between the World and Me. Spiegel & Grau.

  • Fanon, F. (1952/2009). Piel negra, máscaras blancas. Akal.

  • hooks, b. (2000). All About Love: New Visions. William Morrow.

  • Mbembe, A. (2013). Crítica de la razón negra. NED Ediciones.

  • Stevenson, B. (2014). Just Mercy: A Story of Justice and Redemption. Spiegel & Grau.

  • Corte Constitucional de Colombia. (2017). Sentencia T-572-17. Bogotá, D.C.

Comentarios

  1. Agradezco siempre tus pensamientos y elocuencia sobre los procesos antirracistas, permiten agudizar la mirada, limpian la vista.

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